En franca lid contra el belicismo

En franca lid contra el belicismo

Punto Ciego

Por Isabel Fonseca

Mientras gran parte de la humanidad, aquella que sólo tiene su fuerza de trabajo para sobrevivir, reajusta su cotidianidad como forma de esquivar al peligroso coronavirus; el minúsculo grupo humano que hegemoniza los medios de producción, controla la información y determina las relaciones sociales, aprovecha el momento para avanzar su vanguardia depredadora: el belicismo.

En nuestra América, tres maniobras asoman una apuesta por el belicismo, desde el imperialismo occidental: Operación Gedeón, contra Venezuela; ejercicio aéreo estadounidense, sobre el cielo de Honduras; y avanzada de 800 militares de Fuerzas Especiales yankees, hacia Colombia. Del otro lado del planeta, Israel acomete contra el corazón de Palestina, mercenarios de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) recrudecen acciones en Siria, y tropas al servicio de la Dinastía Saudí capturan infantes yemenís, para ubicarlos en la primera línea de su guerra.
A las mujeres luchadoras del mundo, sobre todo, a quienes nos declaramos feministas, nos corresponde encender las teas para encontrarnos en una agenda común contra el belicismo. Son muchas las resistencias a vencer en nuestra propia huerta de género y clase, para juntarnos como potencial antibelicista, capaz de parar la recolonización que se anuncia; porque, aunque las razones que nos legitiman para liarnos en franca lid contra el belicismo son hechos latentes; subyacen en el territorio de sombra que la lógica sistémica genera para separar realidad y conciencia; logrando dispersarnos. Veamos:

1.- El belicismo es genéticamente patriarcal, pues, fue desde el patriarcado que se edificó toda la praxis bélica que logró derribar la vida comunal originaria, privatizar los dominios colectivos, despolitizar el espacio doméstico, naturalizar la inequidad de géneros, la familia heteronormada y la división de clases; así como crear al Estado, al derecho paterno y al lenguaje, legitimador de exclusiones, despojos y violencias.

2.- El belicismo del capitalismo global decadente desarrolla todas las formas de violencia y opresión patriarcales, porque conoce del género mujer su capacidad para la defensa natural de territorios y culturas; así como el caudal económico que su triple explotación aporta a todas las naciones, incluidas aquellas que se declaran revolucionarias; así que lo ubica como referente moral para ser opuesto como trofeo al enemigo formal.

3.- El belicismo caotiza la vida de los pueblos, generando miserias que cargan sobre la mujer, no sólo en las carencias físicas que afectan su entorno y responsabilidades como eje de las familias; sino en las psiquis afectadas de sus consanguíneos o afines, quienes responden agresivamente ante cualquier desencuentro frente a quien se considera, de acuerdo al sustrato patriarcal preexistente, un ser inferior y propio. Hay estudios que revelan cómo, en países intervenidos militarmente, la violencia doméstica crece y reproduce prácticas que les eran ajenas.

4.- El belicismo va contra la primera madre: la naturaleza, es ecocida; ya no por efecto colateral, sino como parte del plan imperialista contra comunidades ancestrales y/o campesinas, fauna y flora, para la apropiación de territorios que ofrecen nuevas fuentes de riqueza, como las que oculta el subsuelo. Su obtención implica la muerte de la biodiversidad.

5.- El belicismo es parte del trípode que oxigena al capitalismo decadente global: industria armamentista, narcotráfico y explotación sexual de mujeres, niñas y niños. No son ideas en disputa, únicamente. Las corporaciones de la guerra le venden armas a quien pueda comprarlas. Se promueven conflictos en el seno de nuestros pueblos, anticipando lumpenización y exacerbación del cerebro reptil, desde la mediática hegemónica, donde narcóticos y violencia sexual se cruzan, logrando insensibilizar y desnaturalizar a jóvenes generaciones.

Entonces, es el belicismo una doctrina contra natura feminista. Urgen acciones concretas que pasan por iluminar los Puntos Ciegos que el sistema nos ha venido imponiendo, generándonos visiones parciales que nos dispersan, como los mitos sobre las formas de lucha, los estigmas contra el pacifismo, los nacionalismos coloniales, el internacionalismo teórico, el coyunturalismo, el machismo en la izquierda y las discusiones negadas entre feminismos. Temas que serán estudio de próximas entregas.