Tras la huella de Francia Márquez

Tras la huella de Francia Márquez

Por Olga Lucía Marín

Hace días estoy con la idea de escribir sobre nuestra compañera Vicepresidenta Francia Márquez. La había dejado en pausa y ahora que se presentan otros hechos de racismo en el país, la retomé. Es indignante que pasen estas cosas y una no puede quedarse como si nada. Por eso, quiero dejar aquí mis impresiones al respecto:

Pasaron los 100 primero días del gobierno del compañero Presidente Gustavo Petro y la compañera Vicepresidenta Francia Márquez y quiero destacar el trabajo e imagen de ella.

La conocí de lejos, en un evento en Cali, y no fue grato el momento. Me quitó la palabra, así no más, y entendí que no nos quería. Sin embargo, la imagen que tengo de ella ahora es otra.

Francia Márquez desde que comenzó su campaña ha dejado en el país una imagen propia, ideas propias, actitudes propias. Se defiende con los argumentos sólidos de una mujer hecha a pulso en un país profundamente racista y clasista.

El famoso «Vivir sabroso», con su desarrollo, «Vivir sabroso no es vivir con plata, vivir sabroso es vivir sin miedo», tiene un componente político y social muy fuerte. No es una frase de cajón, es una filosofía de vida. No es vivir en camas con sábanas de seda, almohadas de plumas y lujos desbordando la realidad que ella ha vivido y sobre todo vive su pueblo. Es un vivir, así, sencillo, pero en dignidad, libre y sin miedo. Así que sí, en esa frase está condensado eso que queremos en Colombia: salir de la guerra, del miedo, de la eliminación de nuestros semejantes por diferencias de criterio.

Francia ha demostrado con sus acciones y sus respuestas claras a la prensa y a sus detractores que sigue siendo una mujer humilde, capaz de construir por sí misma un liderazgo que conecte con la gente, que conmueva. Representa la dignidad colectiva y las ganas de que los nadies y las nadies, como ella, hagan parte de este país al igual que cualquier otro ser humano. Le ha enseñado a Colombia que sus estudios y su experiencia le permiten defenderse y defender a su pueblo, el que votó por ella, el que la eligió con Vicepresidenta.

Francia ha aportado al sentido común distinto que se va gestando en esta nueva etapa de país. Le ha devuelto la esperanza a quienes se ven reflejados y reflejadas en una mujer afro, que trabajó en una mina y como empleada doméstica, sin dejar de luchar ni un segundo de su vida. También ha hecho visibles muchas realidades que las élites de este país han pretendido ignorar.

Tender una mano de saludo, visitar la Colombia olvidada a donde nunca llega el Estado sin botas militares, hablar con las comunidades, visitar a la gente en su tierra, llegar con su abrazo y recoger las inquietudes y sueños de la gente del común es parte de su esencia política y su estilo de trabajo. No se queda en la ciudad, le dedica tiempo al pueblo, no por propaganda, sino por convicción de vida, por coherencia. Se nota que lo hace de corazón y el país agradece esa sinceridad.

Por eso, por lo incómoda que es, por todo lo que representa, por lo que puede transformar, es víctima de múltiples ataques. No debe ser fácil para nuestra compañera Vicepresidenta enfrentar la ondanada virulenta de quienes no soportan a una mujer afro,  empobrecida y de izquierda con tanto poder.

El racismo no demoró en aparecer durante la campaña y luego de la victoria popular en las elecciones solo ha aumentado. Insultos, como el de la señora Luz Fabiola Rubiano, o los ataques de la senadora María Fernanda Cabal, por seguir adelante con la materialización del Ministerio de la Igualdad, llevan a nuestra Viceministra-Vicepresidenta a esas respuestas con altura que nos demuestran que sigue firme, de pie, dando la pelea: «Les incomoda que sea una mujer negra, empobrecida, que venga de los nadies».

No le reconocen sus habilidades, sus conocimientos, sus estudios y mucho menos sus derechos. No la reconocen como persona y mucho menos como sujeta política, desempeñando el cargo de Vicepresidenta, antes reservado para mujeres «de bien», y que ha ganado con tanto esfuerzo.

Otro acto de racismo reciente provino del desagradable Polo Polo, indignado porque nuestra Vicepresidenta es reconocida a nivel internacional como una de las 100 mujeres más influyentes del mundo. Pero bien lo decía Hugo Chávez: «Águila no caza moscas».

Ella mantiene vivas sus luchas: «Soy parte de quienes alzan la voz para parar la destrucción de los ríos, bosques y páramos…» y sabemos que cuenta con lo necesario para impulsar muchos de los cambios que Colombia necesita. Este gobierno cuenta con una persona comprometida con la vida, la de la Humanidad en condiciones de dignidad, pero, también, con la que requiere armonía de las especies, del planeta.

Nuestra compañera Vicepresidenta Francia Márquez seguirá dando de qué hablar.  Para el pueblo colombiano será un hablar positivo, seguramente. Podrá tener la certeza de que la acompañaremos en este lindo y profundo proceso de cambio, hacia una Colombia inclusiva, feliz, un país y un gobierno que piense en la gente, para vivir sabroso, sin miedo.