Firmantes del acuerdo pidieron perdón por asesinato del padre José Antonio Beltrán

Firmantes del acuerdo pidieron perdón por asesinato del padre José Antonio Beltrán

El 2 de octubre de 1991, en la vereda Cucuchonales del municipio de Landázuri, Santander, integrantes de las FARC-EP asesinaron al sacerdote José Antonio Beltrán Monsalve, de manera inconsulta a la dirección y en contravía a los principios político-ideológicos del proyecto revolucionario de la extinta guerrilla.

Por ese hecho, el pasado viernes primero de octubre, excomandantes de las FARC-EP, a nivel nacional y del Bloque Magdalena Medio, pidieron perdón a la comunidad de la región y a la iglesia católica. En el acto participaron, además, habitantes del territorio, miembros de la JEP, representantes de la iglesia, quienes organizaron la actividad, entre otros.

La vocería principal la tomó el presidente del partido Comunes, Rodrigo Londoño, quien además de pedir perdón, ofreció, en nombre del colectivo de exguerrilleros, aportar en la reconstrucción del tejido social que la guerra alteró en la región.

Este acto hace parte del compromiso de los firmantes del acuerdo en búsqueda de la verdad sobre lo ocurrido en el conflicto y como parte del compromiso con las víctimas, tal como fue pactado en el acuerdo de La Habana.

El sacerdote José Antonio Beltrán fue un líder de la región, quien luchó toda su vida por el mejoramiento de las vías, las cuales siguen en un estado deplorable, sin que las instituciones hayan hecho nada todavía y que tiene a la población en una situación dramática, tanto así que el puente que comunica a la vereda donde se llevó a cabo el acto de perdón lleva dos años caído.

El manifiesto leído por Rodrigo Londoño es el siguiente:

Octubre 01 de 2021

Manifiesto del Opón

La verdad será la fuerza de la bienaventuranza

Su Santidad El Papa Francisco

Jefe del Estado Vaticano

Monseñor Luis José Rueda Aparicio

Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia

Monseñor Marco Antonio Merchán Ladino

Obispo de Vélez

Comunidad de la Provincia de Vélez y víctimas del conflicto armado en Colombia.

Con profundo respeto manifestamos ante ustedes nuestro indeclinable compromiso por la paz, la verdad, la reconciliación y todos los esfuerzos por la no repetición de la barbarie que nos ha estremecido como nación.

Desde la región del Opón en la Colombia profunda y marginada, junto al sufrimiento de la gente pobre que a diario siembra esperanzas en estas tierras acogedoras, reiteramos nuestra responsabilidad, en representación de la otrora organización armada, por el dolor y el sufrimiento causado. Desde lo profundo del corazón pedimos que nos permitan ayudar a resarcir el padecimiento y el daño que hayamos ocasionado, con la esperanza de que algún día ustedes, su Santidad El Papa Francisco, la Iglesia Católica, sus fieles, las comunidades de la región del Opón y de toda Colombia puedan perdonarnos.

Nuestra patria ha transitado sobre ciclos dolorosos de violencias entre hermanos, la historia de Colombia, es también la historia de las guerras fratricidas. Federalistas y centralistas, liberales y conservadores, siempre se ha recurrido a la violencia para dirimir los conflictos y eliminar a los adversarios. Somos un mismo pueblo con particularidades y realidades distintas, subjetividades diferentes que habitamos la misma nación, pero cargamos el lastre de matarnos entre hermanos como Caín y Abel desde los primeros días de la República.

Las FARC-EP no fuimos ajenos a ese espiral de violencia. Nacimos como respuesta a la violencia institucional que se ensañó contra los campesinos del sur del país, bajo la justificación de combatir a las llamadas Repúblicas Independientes. Es la misma violencia que despojó de sus tierras y forzó al desplazamiento a cientos de familias humildes a otras regiones donde se fundaron muchos de los municipios, corregimientos y veredas que hoy conforman la Colombia Profunda.

Manifestamos nuestra responsabilidad de que las extintas FARC-EP tuvo una participación determinante en la vorágine de las violencias que golpearon duramente a diversos sectores de la sociedad colombiana. Es una realidad que estamos reconociendo en todos los escenarios generados a partir del acuerdo de paz.

Igualmente reconocemos nuestra responsabilidad por es asesinato del padre José Antonio Beltrán Monsalve el 2 de octubre de 1991, en la Vereda Cucuchonales, municipio de Landázuri. Fue un hecho que no tiene justificación, nada puede explicar y menos intentar justificar un acto de horror como este asesinato que contradice los principios políticos, ideológicos y organizativos que constituyeron el proyecto político revolucionario de las FARC-EP.

Su Santidad El Papa Francisco, creemos firmemente que la paz no tiene vuelta atrás, nuestras comparecencias ante las instituciones que conforman el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y Garantías No Repetición – SIVJRNR son parte del compromiso adquirido con las victimas y el pueblo en general. Hemos participado en diferentes encuentros de aporte a la verdad y reconocimientos de responsabilidad por los actos ejecutados por las extintas FARC-EP tanto a nivel nacional, como regional; venimos realizando encuentros de reconciliación con víctimas en los diferentes territorios afectados por el conflicto armado.

De igual manera en nuestra calidad de comparecientes ante la Jurisdicción Especial para la Paz, 9.812 firmantes hemos asumido responsabilidad ante esta Jurisdicción. Hemos acudido activamente en 5 de los 7 macro casos abiertos por la JEP, en los que hemos comparecido en audiencias de versiones voluntarias individuales y colectivas. Además, nos encontramos ad portas de realizar la primera audiencia de reconocimiento de responsabilidad por conductas asociadas al secuestro en la que han intervenido cerca mil víctimas acreditadas.

Igualmente le manifestamos que, para la búsqueda de personas dadas por desaparecidas, hemos conformado una Comisión constituida por firmantes de paz para contribuir a esta labor humanitaria. Reconocemos en la JEP a nuestro juez natural y confiamos que en sus decisiones judiciales se garantice el derecho a la justicia restaurativa que requieren todas las víctimas del conflicto armado.

La moral de los revolucionarios se manifiesta en reconocer los errores, los desaciertos y buscar enmendarlos, no importa el tiempo que ello demande. Sabemos que este es un proceso que hasta ahora iniciamos y que nos demandará tiempo para el saneamiento de las profundas heridas que causamos. Sin embargo, estamos convencidos que la verdad y la Paz nos permite crecer como revolucionarios en humanismo y compromiso de lucha al lado de los más humildes de nuestro país. La autocritica reclama compromiso real, transparencia para asumir los errores y actos concretos de reparación del daño, de no repetir los hechos. Por eso estamos en esta región, para reafirmar ese compromiso con actos reales.

En esta reflexión autocritica que por primera vez hacemos pública ante la Iglesia Católica Colombiana, ante su santidad El Papa Francisco, ante usted Monseñor Marco Antonio Merchán Ladino, ante las comunidades religiosas y habitantes de las provincias de Vélez y Yariguíes, ante la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad y ante todo el país y especialmente a sus familiares, confesamos que hemos soportado una pesada carga moral, una profunda vergüenza que nos deshonró como revolucionarios ante el mundo, al haberle quitado la vida de manera tan despiadada al Padre José Antonio Beltrán Monsalve. Duele profundamente esta responsabilidad de haber dejado a estas comunidades sin uno de sus líderes espirituales más importantes, a su amigo y promotor de la defensa de los Derechos Humanos y del desarrollo de la región del Opón.

Por el dolor causado, pedimos perdón.

Por la desesperanza que sembramos, pedimos perdón.

Por el miedo y la zozobra que desatamos, pedimos perdón.

Por la desconfianza que generamos, pedimos perdón.

Perdón por todos los desafueros infringidos a todas y todos los habitantes de estas provincias.

En este acto de contrición, pedimos sinceramente que algún día nos puedan perdonar y acepten nuestro ofrecimiento de trabajar con ustedes para reconstruir el tejido social que la guerra no permitió tejer por su impactante violencia.

Firmantes del Acuerdo de Paz del extinto Bloque Magdalena Medio de las FARC-EP