Hasta la vista, Compay

Hasta la vista, Compay

Por Violeta Narváez

Ayer Juan Padrón, aquel querido cubano bigotón, comenzó a estar presente de otra manera para todas las personas a las que nos ayudó a crecer. Aquí va tan solo una partecita de lo que significa para mí:

No es posible imaginar a Cuba sin Elpidio Valdés, ese personaje de dibujo animado que Juan Padrón creó en 1970, con el que aprendí a amar las luchas independentistas cubanas, a creer en la libertad y la justicia y a despreciar la dominación colonial española.

Así, nacionalistas y antimperialistas, nos crió Padrón, a través de Elpidio y el resto de sus acompañantes, sin que la Historia se volviera tediosa o panfletaria y sin perder la risa jamás.

Gracias a mamá tuve la suerte (y el privilegio) de conocer a Elpidio cuando tenía 3 o 4 años. En ese entonces vivíamos en México. Una vez regresó a casa con dos VHS con los largometrajes Elpidio Valdés (1979) y Elpidio contra dólar y cañón (1983). Automáticamente se convirtió en mi héroe.

Así de mocosa, viajaba a La Habana ocasionalmente, para visitar a mis hermanos o encontrarme con papá. Una tarde de alguna de esas visitas mi hermano me sentó a ver televisión para que dejara de hacer travesuras. Pasaban imágenes de una especie de carnaval y de repente asomó en la pantalla un sombrero con el ala levantada al frente para dejar ver una bandera cubana. Debajo del sombrero estaba aquel hombre flaco, de bigote de resorte, vestido de blanco, pañuelo azul al cuello, con tiras de cuero cruzadas en el pecho, cinturón con revólver enfundado a un lado, con un machete en una mano y las riendas de un caballo en la otra.

No recuerdo su voz. Solo que aseguraba ser Elpidio Valdés. Finalizó su entrevista saludando a todos los niños de Cuba y yo empecé a gritar y saltar de alegría. Para mí no era un disfraz, era Elpidio y punto.

Un par de años después pasé a vivir en La Habana. Crecí viendo una y mil veces los capítulos de la serie animada. A menudo se criticaban las constantes repeticiones de los programas infantiles en la televisión cubana; pero no sé si alguien fue capaz de aburrirse de Elpidio. Hoy, como buena cubana, recuerdo perfectamente los diálogos de toda la serie, las frases más divertidas, los gestos, las voces.

Todavía era pionerita cuando mamá me contó que había ido a reunirse con Padrón para invitarlo a que hiciera una serie animada para niños y niñas, enmarcada en la contienda bolivariana, como parte de los esfuerzos de las FARC-EP por la difusión del pensamiento y la vida de El Libertador.

Gracias a esa reunión supimos que él y su equipo habían investigado durante 10 años las guerras independentistas cubanas, los hechos históricos, las personalidades; pero también el tipo de corneta que usaba el Ejército Libertador y el armamento de los españoles. Precisamente por eso, se negó a encaminarse en la tarea titánica de hacer nuevamente un proceso similar al de Elpidio, con una investigación de tamañas dimensiones, sobre una historia un poco más distante para él y sin la voluntad política de un Estado que moviera cielo y tierra para brindarle hasta el acceso a los archivos españoles.

La conexión justa entre Bolívar y Elpidio la vendría a ver únicamente hace un par de años: Una amiga y yo conversábamos una tarde en un banco en G y 13, muy cerquita de la estatua de El Libertador. De repente pasó frente a nosotras una joven que caminaba sosteniendo la manito de su hijo de unos 6 años de edad. Él venía con la mirada puesta en el suelo, levantó la cabeza y sus ojos se encontraron con el monumento que dejaba ver aquel hombre a caballo y con una espada. No dudó en gritar emocionado: “Mamá, llévame a jugar allá, al lado de Elpidio Valdés”.

Pero ya que este escrito es para Mujer Fariana quisiera recordar a dos personajes femeninos que acompañaron a Elpidio Valdés en todas sus aventuras: María Silvia y Eutelia.

Por el feminismo empecé a preguntarme en cada época histórica que estudiaba: ¿y aquí las mujeres qué estaban haciendo? Eso no fue tan necesario con la independencia de Cuba. Había uno que otro nombre de figuras históricas femeninas que se recordaban en colegios, parques y medios de comunicación; pero fueron María Silvia y Eutelia las que me hicieron tener presente que contra los españoles también había mambisas[i].

María Silvia es la guerrera que sabe disparar, cabalgar, que suele ser la abanderada en las cargas al machete y el gran amor de Elpidio Valdés, que quedó flechado, entre otras cosas, por los ideales independentistas que compartían antes de sumarse a la insurrección.[ii]

Ella también es una de las que realiza las tareas conspirativas, de inteligencia y de logística en los pueblitos, para reforzar la contienda en el campo. Ese trabajo lo realiza frecuentemente en compañía de Eutelia, una niña que también lucha por la libertad de Cuba y que sabe utilizar el machete de manera ejemplar.

Recuerdo especialmente un diálogo entre Eutelia y Pepito, otro niño que participa en la guerra y que es muy cercano a ella:

Pepito: Y las cosas que puede hacer un hombre con un machete…

Eutelia: ¡Y las mujeres!

Pepito: Bah, yo he visto hombres cortar un coco sosteniéndolo en la mano.

Eutelia: ¿Tú dices así?

Pepito: A…así…

Y, aunque no sea tan explícito, para mí, María Silvia y Eutelia tienen hazañas similares a las que han narrado luchadoras cubanas de épocas posteriores como Haydée Santamaría y Celia Sánchez, sobre su trabajo en la clandestinidad urbana[iii].

Otros personajes menos constantes como Niña Mercedes o la madre de Elpidio representan a sectores femeninos que participaron en la gesta independentista del siglo XIX cubano. La primera, en el rol de enfermera en un hospital de campaña y la segunda en el apoyo desde el exilio en Estados Unidos para la organización de los clubes patrióticos de los tabaqueros y la gestión de recursos y armas.

Eutelia y María Silvia son los referentes en los que las niñas de varias generaciones nos inspiramos. No están acompañando luchas ajenas o esperando a que las rescaten como las princesas. Son fuertes, alegres, inteligentes, luchan con pasión y con convicción y a veces también demandan reconocimiento como mujeres.

Además, son expresión de algo que siempre me ha conmovido de la saga de Elpidio Valdés: el diálogo constante que mantuvo Juan Padrón con los niños y las niñas de Cuba, para que su serie animada fuera realmente acorde a lo que quería su público.

El propio Juan Padrón lo explica mejor, en una anécdota sobre una reunión con muchos pioneros y pioneras:

Recuerdo a niñas que protestaron por la ausencia de hembras en las películas y que ellas querían que hubiera también mambisas. Entonces los varones protestaban: “No, no, no, que las mujeres se caen y hay que volver para rescatarlas”, a lo cual las muchachitas aseguraban que las mujeres eran mambisas de verdad. Así surgieron María Silvia, Eutelia, Niña Mercedes…[iv]

Tengo muchas cosas para contar sobre lo que implica haber crecido con Elpidio, María Silvia, Eutelia, Pepito…, pero necesitaría aportar muchos elementos de contexto para explicar la alegría de descubrir que en verdad existió un cañón de cuero[v], por qué sé que los mambises comían arroz con boniato o por qué si hubiera tenido un caballo lo habría llamado Palmiche[vi].

Mejor cierro hablando de Juan Padrón, al que tanto cuesta decirle adiós.

Ayer lloré amargamente cuando supe la noticia de que se había ido lejos para estar más cerca. Lloré como si lo hubiera conocido personalmente. En redes sociales vi tantos mensajes, tantas referencias, tantas imágenes o fragmentos de sus animados que, entre lágrimas, reí a carcajadas como cuando tenía 4 años y 6 y 9 y 14 y 18 y 20…

Unos días antes le contaba a un amigo que en mi último viaje a Cuba viajaba ensardinada en una guagua (una buseta) Girón por la calle 23. Pasé por el cine Chaplin y alcancé a ver a Juan Padrón en la entrada de la Cinemateca. Yo iba a una vuelta inaplazable, así que tuve que seguir mi camino; pero realmente quería obligar al chofer que parara para correr y saltarle encima, abrazarlo y decirle todo lo que lo quiero por lo feliz que hizo mi infancia.

Seguí escribiéndole a mi amigo: “Ahora que está malito, solo espero que mucha gente le haya agradecido una y mil veces por tanta felicidad y que esté acompañado y recuperándose”.

Esta fue la respuesta que recibí:

Una vez leí de la mano de Silvio (Rodríguez) que, por las calles de Madrid, él iba en un taxi cuando vio a Padrón parado en una esquina. Sin pedirle al taxista que parara, y cuando el caricaturista no estaba mirando en su dirección, sacó la cabeza por la ventanilla y vociferó: «¡Viva el invicto coronel Elpidio Valdés! ¡Viva Cuba libre!». Antes de que a Juan le hubiera dado tiempo a localizar el origen de la exclamación, retrajo la cabeza dentro del carro a partirse de la risa, feliz de haberle podido hacer aquel momentáneamente anónimo homenaje al creador, en el corazón de la mismísima metrópoli opresora de antaño.

Por eso prefiero no escribir más y despedirme, sencillamente, como lo suele hacer Elpidio Valdés: “Hasta la vista, compay”.

[i] Mambí o mambisa es la persona que luchó contra España en las guerras de independencia de Cuba o Santo Domingo.

[ii] Fragmento de Juan Padrón. (1979) “Elpidio Valdés” (https://www.youtube.com/watch?v=Q3sYrmy-3Ug).

[iii] Juan Padrón. (1988). “Elpidio Valdés contra el 5° de Cazadores”. (https://www.youtube.com/watch?v=laLcd2UuuFY).

[iv] José Luis Estrada Betancurt. (15 de agosto de 2015). “Juan Padrón: «Elpidio Valdés es mi mayor orgullo»”, periódico Juventud Rebelde. (http://www.juventudrebelde.cu/cultura/2015-08-15/juan-padron-elpidio-valdes-es-mi-mayor-orgullo).

[v] Juan Padrón. (1976). “Elpidio Valdés asalta el convoy” (https://www.youtube.com/watch?v=X9OSNSAMxss).

[vi] Juan Padrón. (1977). “Elpidio Valdés encuentra a Palmiche” (https://www.youtube.com/watch?v=AbzgS5hhLq0).