Entrevista a Rodrigo Londoño
Presidente del Partido Comunes
Horizonte Comunero: En términos históricos ¿Cuáles fueron las apuestas de paz de las extintas FARC – EP y hoy del Partido Comunes?
Rodrigo Londoño: En términos históricos las FARC nacieron pidiendo diálogo; hizo todos los esfuerzos hasta con personalidades extranjeras, la iglesia, al padre Camilo Torres, que estuvo mucho detrás de eso. Todos los esfuerzos en función de que no hubiera confrontación. Desafortunadamente no se pudo, por el carácter mismo de la clase dirigente colombiana, que en buena medida marca la confrontación a lo largo de la historia hasta que logramos el acuerdo.
A pesar de eso, las FARC siguen buscando, desde que se conforman como ejército guerrillero, como resistencia, y cuando comienza a plantearse el programa agrario, se sigue buscando la posibilidad de diálogo.
Pero bueno, pues como para mostrar que siempre en la mente de los dirigentes de las FARC estuvo la posibilidad de encontrar una salida negociada, una salida dialogada.
Para nosotros estaba claro que sí, buscábamos de todas maneras llegar al poder a través de la confrontación si no había esa salida, pero también teníamos claro que si se llegaba por ahí iba a ser muy duro, porque era un poco cómo llegar a reconstruir los puentes que se destruyeron durante la guerra. Entonces, ¿por qué no es mejor evitar destruir los puentes? Fuera de todo lo demás que trae en sí la confrontación.
La séptima conferencia dice: Ya somos un ejército guerrillero. Y ahora vamos a plantearnos la toma del poder, en serio. Y se diseñó un plan para eso, un plan militar, que tenía un componente político que es clave. Recuerdo las clases que nos daba Marulanda sobre el plan estratégico, y él colocaba como la columna vertebral la insurrección del pueblo, la lucha política acompañada ya de la ofensiva militar que se proyectaba ahí. Pero esa conferencia también establece un punto donde dice: por las condiciones que tiene el país en este momento, por lo que se está dando, es posible que en el próximo gobierno se dé la posibilidad de iniciar un diálogo en búsqueda de la realidad política y se dejan establecidos lineamientos. Por eso, cuando llega Belisario Betancur, y plantea la amnistía, la dirección de las FARC tenían ya los instrumentos que se generaron en la conferencia para, digámoslo coloquialmente, agarrarse de ahí y trabajar por la salida política, que fue lo que se hizo.
Y en la historia está todo el esfuerzo que se hizo, especialmente pues de parte de Marulanda y de Jacobo Arenas, en función ese acuerdo que se logró, que a veces cuando hablamos de esa historia se nos olvida: hubo un acuerdo donde, si lo comparamos con el acuerdo del dos mil dieciséis, es un acuerdo sumamente sencillo, donde incluso no se pedía nada para nosotros, para los combatientes, y se partía de la voluntad de parte del Establecimiento para hacer las reformas. Y en esa dinámica es que surge el partido político Unión Patriótica.
La idea de lanzar ese movimiento, de cristalizar esa idea, fue a raíz de que vimos cómo la paz había movido mucha opinión en la sociedad colombiana. Entonces, lo que se decía es bueno, cómo
canalizamos esa opinión, y se plantea la conformación de la Unión Patriótica, que en la práctica nos demuestra que sí, que Colombia estaba en ese momento preparada para trabajar por la paz.
Y viene la ofensiva tan tremenda con la guerra sucia, el asesinato de los líderes de la Unión Patriótica y los líderes sociales. La paz se fue acabando a todo lo largo y ancho del país, poco a poco, por regiones. Y se fue acabando en la misma dinámica de la confrontación, pero nunca se atacó a la dirección de las FARC. Después llega Virgilio Barco. Con él se siguieron los diálogos, y nunca atacó a la dirección de las FARC.
Y seguimos dialogando, buscando posibilidades, pero ya no fue factible encontrar vías para la paz. Se trabajó mucho en lo que él llamaba Plan de Rehabilitación. Yo recuerdo que la dirección de las FARC envió guerrilleros a ciertos sitios para tomar muestras de tierra en función de ese proyecto que estaba impulsando. Pero los diálogos en función de conseguir un acuerdo nunca avanzaron más allá, a pesar de que después viene ahí la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar.
Después de Barco, viene Gaviria y sigue en lo mismo: mandando delegaciones a hablar con la dirección de las FARC; no atacan a la dirección de las FARC. Esa zona la dejaron. No es que no hicieran inteligencia, porque desaparecían gente que salía de allá, asesinaron gente, pero bueno, la confrontación como tal no se desarrollaba allá. Hubo una ilusión con Gaviria cuando manda a sus delegados a hablar con las FARC, con la posibilidad de que de que se restablezca el acuerdo de La Uribe o por lo menos que se busque cómo parar la confrontación.
Había un elemento clave que uno dice se hubiera aprovechado, que fue la unidad de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar. Se conforma esa organización y se comienza a hablar como Coordinadora con el gobierno. Estábamos todos ahí, yo recuerdo, ahí sí estuve presente en algunas reuniones de esas. Ahí estaba la gente del Quintín Lame, del PRT, el ELN, el EPL. Yo participé en la cumbre de comandantes de la Coordinadora. Ahí había una posibilidad muy grande de que se lograra un acuerdo con todo el conjunto del movimiento guerrillero.
Cuando me preguntan, ¿pero por qué con los otros gobiernos nunca se pudo? Yo respondo: porque ellos siempre plantearon rendición y entrega, no la salida política, no el espacio político a la insurgencia, y eso sí no iba a suceder; estuviéramos en la situación que estuviéramos nunca íbamos a rendirnos ni a entregarnos.
En medio de una situación muy tensa, de bombardeos muy cerquita de donde estaba el Estado Mayor Central del Bloque Oriental de las FARC, y en medio de eso el gobierno manda una comisión para determinar la voluntad de paz de la Coordinadora. A raíz de eso sale un documento en que se constata que si hay voluntad para iniciar en serio un proceso de negociación. Y ahí es donde después de que se da eso, vienen una serie de hechos que culminan en el bombardeo a “Casa Verde”, ahí sí se atacó a la dirección de las FARC, lo que cerró en ese momento por parte del gobierno las puertas para darle continuidad a ese diálogo.
César Gaviria nunca ha sido autocrítico al respecto, esa fue una gran equivocación política y militar. Entonces, a lo largo y ancho del país la confrontación se radicalizó, se dieron bloqueos que paralizaron casi totalmente al país, llegando a muchos centros neurálgicos. Y en medio de todo eso, tomamos la decisión de insistir en el diálogo y forzar al gobierno a retomar el diálogo, que es donde se realiza la toma de la embajada de Venezuela en Bogotá, se hacen diálogos en Arauca, y de ahí sale la idea de iniciar los diálogos en Caracas, con la mediación de Venezuela. Son los diálogos que después, por el golpe que da Hugo Chávez en Venezuela, hubo que trasladarlos para Tlaxcala. Y ahí hubo fallas, no por voluntad del gobierno, sino porque hubo que generar presión política también de parte de la insurgencia. El proceso se enturbió mucho y se suspendió sin generar ningún impacto en la sociedad colombiana.
HC: ¿Cómo se llegó a los diálogos del 2012 en La Habana con el gobierno y por qué en esta ocasión sí se pudo llegar a acuerdos?
RL: El antecedente inmediato son los diálogos del Caguán. Había mucha ilusión de que los diálogos con Andrés Pastrana sí resultarían, pero después nos dimos cuenta que Pastrana estableció ese proceso para ganar tiempo. El mismo consejero del gobierno lo dijo: que el ejército estaba sin municiones, desmoralizado, que no había combustible para los aviones. Sobre la dinámica eso se va sabiendo, y entonces dijimos: “¿quiere ganar tiempo?, pues aprovechemos el tiempo también nosotros”. Pero el Estado tenía el apoyo logístico y financiero de Estados Unidos, y nosotros estábamos en una situación muchísimo más precaria. Sí, crecimos numéricamente, pero ese crecimiento después nos trajo dificultades internas muy fuertes, muy graves.
Ese proceso se rompió. Uno dice hoy en día, claro, mirando a la distancia y en otro contexto, que tuvimos que generar hechos políticos que hubieran obligado a Pastrana a cambiar la dirección de su estrategia, pero de todas maneras estaban los gringos detrás y eso no era fácil. Por ejemplo, Mancuso (cabecilla de las fuerzas paramilitares, las AUC), reconoce que en estas etapas del despliegue paramilitar las masacres fueron tremendas. ¿Cuántas veces se suspendieron los diálogos en El Caguán por eso?
Cuando se rompen los diálogos de El Caguán se dan las condiciones en Colombia para que llegue como presidente Álvaro Uribe, quien llega con el mensaje de guerra total por encima de toda ética, de todas las normas, principios y leyes de la guerra. Eso fue terrible; no se sabe hasta qué punto o cuándo se podrán reconstruir en detalle la cantidad de barbaridades que se cometieron en esa confrontación.
A pesar de todo, nosotros siempre que podíamos, le hacíamos llegar algún mensaje a Uribe para plantearle que había una bandera ahí, que era el intercambio humanitario. Pero nunca se logró.
Ya al final de su gobierno, como tres meses antes de terminar, Uribe nos manda a decir sobre la disposición de despejar un área, y se alcanza a trabajar en eso; las FARC orientan a sus mandos para reunirse en esa zona de Florida y Pradera en el Valle. Pero eso, al final se frustró. Y ya con sus últimos mensajes dijimos “ya va de despedida; no le jalamos a eso”.
Después de Uribe llega Santos, que de entrada lanza un mensaje subliminal. En la toma de posesión de la presidencia, Santos dice: “la llave de la paz la tengo aquí, en el bolsillo”. El mensaje está clarito, y se lo responde el comandante en jefe nuestro en aquel momento, Alfonso Cano, a través de dos videos, también enviándole mensajes subliminales a Santos.
Pasaron varios meses de su gobierno y Santos nos manda un mensaje donde dice, en esencia, “ustedes tienen razón en su plataforma bolivariana; yo comparto muchas de las cosas que plantean ahí, pero lo que no me parece bien es el método. Trabajemos por un escenario distinto”. La condición que se puso fue que todo tenía que ser en secreto. Lo discutimos en el secretariado y aceptamos, porque consideramos que era un planteamiento distinto a los que se nos habían hecho anteriormente. Santos planificó muy bien todos sus pasos de acuerdo a sus intereses, claro.
Yo creo que, en el fondo, él pensó que no iba a haber negociación, porque había una matriz instalada a partir de las otras experiencias según la cual las FARC utilizaban las negociaciones para fortalecerse; seguro pensó que no iba a haber desarme porque todo era para ganar tiempo. Pero bueno, lo planificó bien, lo planteó y de parte nuestra también hubo disposición.
Pero bueno, seguimos con los diálogos; la etapa secreta de estos fue muy dura, porque como en toda negociación el Estado llegó ofreciendo lo mínimo y exigiéndonos rendición y entrega. Ellos pensaban que en tres o cuatro meses sacaba ese acuerdo. Nos decían: “Es que a ustedes no los quiere nadie en la sociedad colombiana”, y agregaban –palabras textuales– que “el presidente Santos se está jugando el capital político para darles una salida digna. Aprovéchenla”.
Fueron aproximadamente seis meses muy intensos hasta que se logró algo que el gobierno no contemplaba… porque ellos decían a todo que nó, como si vivieran con el síndrome del Caguán: mesa de negociaciones, no; agenda para negociar, nada. En cambio, nos plantearon algo así como “en la primera semana hacemos esto, en la segunda hacemos esto otro, al terminar el mes tenemos estos resultados, seguimos otro mes ahí con esto y a los tres meses informamos al pueblo colombiano que llegamos a un acuerdo”.
Todo esto era en secreto y en esa etapa colaboró mucho el presidente Hugo Chávez desde su lecho de enfermo, pero Santos tenía la intención de anunciarlo públicamente en una visita de Barack Obama, el presidente de Estados Unidos de aquel entonces, a Cartagena. No se pudo así, pero seguimos adelante hasta que logramos establecer una agenda y una mesa de negociaciones, y eso fue una victoria porque el gobierno no contemplaba ni lo uno ni lo otro.
La negociación es una correlación de fuerzas. Recuerdo que en aquellos momentos, hasta los amigos más leales nos decían “si me va a saludar, salúdeme de lejos”. Estábamos aislados políticamente, porque a través de un plan muy bien diseñado desde Estados Unidos -que se consigue en internet-, llamado “Guerrilla Marketing”, nos aislaron. En ese plan está muy claro todo lo que nos hicieron. Tampoco es que estuviéramos derrotados. A pesar de la muerte de Alfonso Cano, si se mira esa última etapa, se verá que no nos estaban dando golpes militares fuertes, ya había parado esa racha tremenda en la que todas las semanas contábamos decenas de muertos en bombardeos y en el que hubo un elemento muy importante: las deserciones.
La perspectiva había cambiado la dinámica de la guerra. Sobre todo, nos afectó esa imposibilidad de alimentar la conciencia de la gente, que yo siempre he dicho que es como una llamita que se enciende en uno y que hay que alimentarla, porque si no lo hace se apaga. Y con enemigos ideológicos tan poderosos en las regiones como el narcotráfico y el Estado haciendo su trabajo a través de las emisoras, etc.
Sobre el lugar donde serían los diálogos, planteamos inicialmente Colombia o Venezuela. No había acuerdo, el gobierno planteó varias capitales del mundo y llegamos a proponer La Habana porque Cuba nos da confianza, ahí teníamos todas las condiciones para trabajar y, además, teníamos un elemento clave, que es que ahí no se rompía la comunicación.
Logramos ese acuerdo porque había voluntad de lado y lado; nosotros, convencidos de que ese nivel de confrontación no podía continuar, y cuando nos encontramos con las víctimas en La Habana nos quedó mucho más claro que no podíamos seguir por ahí. Y la práctica nos demuestra ahora que, tras ocho años y con todas las dificultades que hay actualmente, ese era el camino.
Uno ve los resultados de la paz en términos sociales y se pregunta ¿por qué no lo hicimos antes? Sencillamente, porque son las condiciones, las circunstancias las que nos van llevando a que los hechos se vayan dando. De pronto uno dice de manera simplista, ahí están los resultados. Ahora tenemos un presidente con las banderas de la justicia social. Que no es de Comunes, pero es un revolucionario. En un taller que hicimos en la dirección nacional de Comunes comparamos la plataforma de Gustavo Petro y la de nosotros, y son muy similares, prácticamente lo mismo; entonces, uno se siente satisfecho porque se ha evitado mucho dolor.
HC: Más allá del silencio de los fusiles, ¿Qué significa la paz para Comunes?
RL: Sintetizando, para Comunes, la paz significa seguir luchando por ese sueño de justicia social sin temor de que lo maten a uno, sin temor a que lo desaparezcan.
HC: En estos ocho años de paz, ¿cómo ha sido el tránsito de la militancia de FARC EP de pasar de una organización político-militar a la organización política que es hoy Comunes?
RL: No ha sido fácil, por muchas razones. Fundamentalmente porque el Estado no ha cumplido lo pactado. Santos incumplió desde el primer día, cuando acordamos con el Estado que los guerrilleros llegarían a determinadas zonas donde iban a tener una vivienda provisional, logística, comida; en fin, todo para resolver necesidades básicas; y casi todos llegaron a un peladero, sin absolutamente nada. Ahí se hubiera podido devolver a la guerra mucha gente que, además, llegó a esos lugares con muchas ilusiones; para ellos fue un golpe muy fuerte llegar a esas condiciones y decir ¿yo que hago aquí para hacer lo mismo pero en condiciones más complejas?
Yo especulo que Santos no pensó que íbamos a llegar a un acuerdo. Tenía milimétricamente planificada la negociación, y creo que tenía milimétricamente planificado qué hacer si se reiniciaba la guerra; pero resulta que hubo acuerdo, y no cumplieron en lo más elemental, en los sitios a donde íbamos a llegar. Fue terrible.
Cuando pasó eso yo estaba en La Habana; allá mandaron a la Ministra de Relaciones Exteriores a hablar conmigo para que yo convenciera a los jefes de las zonas donde la gente estaba llegando para que hicieran unas tejas, porque la gente estaba indignada. Los muchachos comenzaron a construir ellos mismos las casas, unas tejas súper malas. La gente se les rebotó y dijo “no, aquí tenemos dignidad”, y la Ministra fue y me dijo “me comprometo a que teja que se dañe, teja que la reponemos”. Yo, incluso, escribí esto en una circular dirigida a los muchachos, y lo hice para que quedara para la historia que no nos estaban cumpliendo.
En esa misma ocasión, la ministra nos hizo una serie de promesas… pura carreta (mentira). Ese fue el primer incumplimiento, y de ahí para delante siguen una serie de obstáculos y dificultades en temas de salud, logísticos, la comida llegaba mala, pusieron a unos operadores para resolver eso; la gente decía “¿por qué no nos dejan a nosotros resolvernos en la misma región?”. Hay un montón de problemas así, y a pesar de eso el 95% de la gente se ha mantenido firme.
Actualmente tenemos una cifra de mil firmantes que no se han reportado, pero muchos de ellos son víctimas de la estigmatización. En el Acuerdo está acordado trabajar por la no estigmatización de los ex combatientes, pero en el Estado se han hecho los locos con eso. La estigmatización hace mucho daño, porque la mayoría de la gente nuestra es humilde, laboriosa; van a buscar trabajo, y con todos esos requisitos ahí, se les niega por ser firmantes.
El ejercicio de la política es también muy complicado, comenzando por la falta de recursos y el incumplimiento de la reforma política. Lo único de la reforma política que se materializó, pero como demanda de la constitución de 1991, fue el Estatuto de la Oposición. Bueno, incompleto y como se quiera, pero se hizo.
Seguimos en la pelea por la reforma política, que este gobierno tampoco ha podido sacar adelante nada en ese sentido. A pesar de eso, cuando vamos a reuniones de Comunes uno ve la alegría de la gente; nuestra gente se queja, pero sigue luchando. Yo tengo una profunda admiración por los firmantes de paz, porque resisten e insisten en la paz a pesar de los incumplimientos.
Ahora, a uno le da pesar de la gente que se hacen a un lado, porque esto es más fácil en colectivo. Y ahí vale la pena aclarar que el gobierno de Duque le trabajó muy duro a romper el colectivo, porque si usted presentaba un proyecto individual, los requisitos no eran tan engorrosos como sí lo era cuando proponía algo colectivo. Esta es la hora en la que hay muchos de esos proyectos que no han sido aprobados con la finalidad de romper ese elemento clave, que es lo colectivo.
P: ¿Cuál es la apuesta internacionalista de Comunes en la actualidad? ¿Sigue siendo desde el Bolivarianismo?
RL: Nosotros mantenemos todos los principios y todo el bagaje ideológico con el que nacieron las FARC, ese que nos legó Manuel Marulanda y Jacobo Arenas, quienes ayudaron a construir la doctrina política de las FARC. Y nuestra formación revolucionaria la mantenemos; somos marxistas-leninistas, así nacimos y así seguimos siendo. La transformación de ejército guerrillero a partido político sin armas no nos hace abandonar eso; lo vemos desde otra perspectiva, no como un dogma ni como un catecismo, sino como instrumentos para el análisis de la realidad, lo que nos permite entender que la verdad no es de una sola persona, sino que es algo que se construye colectivamente, y no solamente entre la militancia, sino escuchando también lo que tiene qué decir mucha otra gente, otros pensadores.
Esta transición nos tocó en un momento en el que el mundo está muy complicado, por eso traemos la propuesta de que la bandera que tenemos que levantar es la de la paz. La bandera más revolucionaria que hay en este momento es la bandera de la paz. Los países imperialistas son cada vez más agresivos porque están desesperados; sienten que están perdiendo poder a raíz de los cambios que vive el mundo. Y a nivel interno de Colombia pasa lo mismo: con la paz y con las transformaciones que hay ahora, la clase dirigente, acostumbrada a enriquecerse toda la vida, ve que pierde una partecita de la tajada, porque no la pierden toda. Y a nivel mundial, las corporaciones multinacionales ven que pierden parte de la tajada y, como siempre, acuden a la guerra. Esa postura se refleja en una postura sumamente peligrosa: el fascismo. Por eso nos parece sumamente importante –y la apoyamos– esta propuesta de Venezuela de la lucha antifascista. La bandera de este movimiento antifascista es la paz.
Por supuesto, el legado bolivariano es fundamental para nosotros. Así como el marxismo, donde lo más importante, lo que más hay que rescatar es la ética. Eso nos ayuda a saber de qué lado nos posicionamos: del lado de los explotadores o de los explotados; del lado de los poderosos o de los humildes.
Nuestra formación también nos permite ver con claridad situaciones clave, como el problema de la unidad. Nosotros decimos que la unidad no se decreta, sino que se va construyendo. Eso lo aprendimos con el tema de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar.
HC: ¿Qué importancia tiene para Comunes la continuidad de la revista internacional, es decir, de la antigua Resistencia?
RL: Es sumamente importante, para que la gente nos identifique, para dar elementos de juicio e información a la gente, para compartir experiencias y opiniones, así como para recibir opiniones; la revista permite la retroalimentación.
Es clave, también, rescatar la memoria de las FARC. Hay sectores dentro de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que ahora quieren lograr lo que no lograron durante la confrontación: destruirnos moralmente distorsionando la historia y distorsionando el relato histórico con temas muy sensibles. Esa disputa se mantiene.
Lo más importante es preguntarse, ¿quiénes integramos en aquel momento las FARC? Pues colombianos y colombianas del común con la disposición de entregar nuestras energías en la lucha por un sueño, el mismo sueño de nuestros fundadores, como Jacobo Arenas, que cuando se dio cuenta que iban a agredir a Marquetalia se fue para allá para acompañar a los campesinos en su lucha, y estuvo firme hasta el último momento en todas las situaciones complicadas de guerra que le tocó vivir. Fue una persona que siempre mantuvo el entusiasmo, el buen ánimo y la perspectiva de victoria. Él contagiaba con eso a la gente.
Como revolucionarios, incluso en las circunstancias más complejas, siempre vemos la posibilidad de la victoria, porque estamos en la rueda de la historia. Nunca perdemos eso de vista.