El Arenillo: la zona rural de Palmira que hoy es símbolo de reconciliación y progreso en el Valle

El Arenillo: la zona rural de Palmira que hoy es símbolo de reconciliación y progreso en el Valle

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BLU Radio, 14 de abril de 2021

En el año 2000 sufrieron el golpe de los grupos armados, no obstante la comunidad construyó una capilla en honor a las víctimas de la guerra y han sacado adelante varios proyectos productivos.

En El Arenillo, zona rural del municipio de Palmira, el escandaloso sonido de las balas dejaron de retumbar por las montañas y volvió la paz que se disfruta en cada uno de sus rincones.

En esa zona se vivieron cruentas masacres, desplazamientos, actos de violencia sexual y otros duros momentos que hoy son olvidados gracias a la pujanza y resiliencia de sus habitantes.

Es por eso que este miércoles, 14 de abril, la comunidad realizó un acto simbólico para demostrar que la paz es una realidad.

Liberando mariposas y entregando un mural pintado en uno de los costados de la capilla, la comunidad de El Arenillo conmemoró el final de casi cinco años de pesadilla.

Esta vereda, ubicada en el corregimiento Ayacucho, del mencionado municipio del Valle, fue territorio del frente sexto de las Farc-ep y del Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia entre principios del 2000 y finales del 2004.

Era una vereda muy tranquila, vivíamos muy felices. Cuando llegaron los paramilitares nos desestabilizamos todos porque no podíamos salir de nuestras casas. Sentíamos mucho miedo

recordó Laura María Quina de Gaviria, habitante de El Arenillo desde hace 78 años.

 

 

En la actividad conmemorativa participaron el alcalde de Palmira, Óscar Escobar ; el director general de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), Andrés Stapper; la directora de la Fundación Desvictimízate, Edna Magaly Ayala, y miembros de la comunidad.

“En esta zona alta del municipio se vivió con rigor el conflicto armado entre las Farc-ep y las AUC. La población civil quedó en medio del problema. Afortunadamente, hoy estamos viendo una vereda resiliente, que tiene emprendimientos, que le apuesta al turismo, que se reconcilia y que es capaz de trabajar en equipo. Eso es muy importante y queremos reconocerlo”, dijo el alcalde Óscar Escobar.

 

“Desde la ARN, uno de los trabajos centrales es fortalecer el tejido comunitario. Si bien nos enfocamos en fortalecer las competencias de los excombatientes, uno de los puntos centrales es cómo trabajamos de la mano con las comunidades que los están recibiendo en el marco de los entornos de construcción de paz”, añadió Andrés Stapper, director general de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización.

Como muestra del renacer de esta población, sus habitantes hicieron una exposición de los emprendimientos que han logrado sacar adelante gracias a sus asociaciones.

Asoncar, una de ellas, produce y vende aromáticas bajo la marca A.D.A. Asoagrocam fabrica aceites relajantes, curativos y aromáticos. Renacer de las delicias vende queso campesino, huevos, truchas, orquídeas y artesanías. Apícola La Lolita se dedica a la producción de miel de abejas. Alas de Colombia reproduce mariposas.

“No podemos ser ajenos a lo que pasó, pero lo que queremos ahora es dar a conocer la belleza de nuestra zona a través del turismo: mostrar sus paisajes, productos y riqueza hídrica. Fuimos víctimas, pero hoy somos una región próspera y un territorio de paz, con mucho para ofrecer a nuestros visitantes”, aseguró Andrés Quina, comunicador social y emprendedor de El Arenillo.

 

Como el turismo es una de las actividades a las que más le apuestan en la vereda, se creó la Asociación de víctimas del conflicto armado ASOGEDER, que se dedica a promocionar la zona a través de proyectos productivos como el glamping El Solar.

Además, la comunidad fue ganadora de la convocatoria Valle INN gracias a los proyectos de emprendimiento y economía circular.

La capilla Nuestra Señora del Carmen, donde se pintó el mural entregado a la comunidad por parte de la Alcaldía de Palmira, fue otro ejemplo de la reconciliación.

Su construcción inició en 2005 como acto conmemorativo para las víctimas de la guerra, pues los habitantes de la vereda se habían quedado sin dónde celebrar sus actos religiosos.

“A pesar de todas las dificultades que se vivieron, hemos salido adelante y reconstruido el tejido social. Seguimos trabajando y tratando de fortalecernos colectivamente. Ya no hay espacio para la violencia porque estamos demostrando que la resiliencia es más fuerte. Estamos demostrándoles a nuestros hijos que podemos vivir en paz”, expresó Lucero Villalba, habitante de la vereda.